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jueves, 22 de marzo de 2018

Paradoja... ¿qué es eso?...





“No todos los ojos cerrados sueñan....
Ni todos los ojos abiertos ven...”




Hoy estoy de nueva cuenta con ustedes, después de una pequeña charla de minutos en que coincidimos en la cocina Maxi (mi compañera y socia)  y yo,  de ese nuestro refugio al que cariñosamente llamamos “La Morada” (significando que es justo donde moran nuestros sueños cumplidos, poniendo al servicio de los demás este nuestro oasis en medios del caos de cada día, llamado lo cotidiano.)


Y hablamos de como cuando una persona es amable, generosa, empática, y se pone a disposición de los demás, como con el tiempo;  se va perdiendo ese reconocimiento de generosidad, que llega un momento que los que reciben ya no lo aprecian (pues se hace tan cotidiano) .

Y como... los que reciben, salen corriendo al no saber como restituir, lo recibido. Mientras tanto esa persona generosa ve partir a aquellos que más aprecia (...y paradójicamente las personas que dan generosamente ¿se quedan solas?) porque ¿dan más de lo que reciben?.


Y me encontré con una explicación maravillosa de como; se dan las paradojas.... y de pronto tratando de encontrar como compartirlo con ustedes, me topo éste hermoso escrito, que va en esa línea, de ese comportamiento que por repetirse se convierte en esa inexplicable paradoja, y muchas veces ni siquiera entendemos ¿porqué?



LA PARADOJA DE NUESTRO TIEMPO


La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y 
temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos.


Gastamos más pero tenemos menos; compramos más pero disfrutamos menos. 

Tenemos casas mas grandes y familias mas chicas, mayores comodidades y menos tiempo.


Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menos capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, 
mejor medicina pero menos bienestar general.


Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiada televisión 
y oramos agradeciendo muy rara vez.


Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. 

Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.


Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir.


Como dice alguna canción, hemos añadido años a nuestra vida, no vida a nuestros años.


Hemos logrado ir y volver de la Luna, pero se nos dificulta cruzar 
la calle para conocer a un nuevo vecino.


Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior.


Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.


Tratamos de limpiar el aire, pero contaminamos nuestra alma. 

Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios.


Escribimos más pero aprendemos menos.


Planeamos más pero logramos menos.


Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar.


Producimos computadoras que pueden procesar mayor información 
y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.


Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de 
gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas 
y relaciones humanas superficiales.


Hoy en día hay dos ingresos en la familia que aún tienen trabajo, 
pero más divorcios; casas más lujosas para quienes pueden solventarlas, 
pero hogares rotos.


Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, 
“encuentros de amor” de una noche, cuerpos obesos y píldoras que hacen todo, 
desde alegrar y apaciguar, hasta matar....


Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en 
la trastienda.


Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que 
tú puedas elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas obviándolas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos, porque ellos no 
estarán aquí por siempre.


Acuérdate de ser amable con quien te admira, porque esa personita 
crecerá muy pronto y seguirá su propio camino.


Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca, porque ese es el único tesoro 
que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.


Acuérdate de decir “te amo” a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobretodo, 
dilo sinceramente.


Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesora ese momento,
 porque un día esa persona ya no estará contigo.


Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.

Y siempre recuerda.....


La vida, no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino, 
por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.


George Carlín




Llegamos a la conclusión después de nuestro encuentro en este espacio increíble en el que hoy hemos coincidido, que nos hemos dado el tiempo y el espacio , compartir desde la conciencia, que:  si te quiero te lo digo, si te extraño te lo hago saber, y si necesitas de mi, aquí estoy y no me debes nada..... sólo ese abrazo que genera abundancia, pues al abrazar generas otro abrazo de vuelta,  que cuando alguien decide dar un abrazo .... conectan dos corazones...


Hoy tomando mi café frío, pero saboreando cada minuto de este maravillo tiempo compartido con ustedes te invito a decidir.... ¿A quién abrazarás hoy? ...

Paradójicamente ¿a quién está del otro lado de la pantalla o a quién tienes ahí sentado a tu lado....?

Que disfrutes el finde...


La vida no es como la ves.... te invito a soñar.




Patricia Garza

Coach/Terapeuta/Counselor





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